Cuál es el estado del alma en su primera encarnación?

El Espíritu, ¿goza de la plenitud de sus facultades desde el
principio de su formación?

“No, porque el Espíritu, al igual que el hombre, también tiene
su infancia. En su origen, los Espíritus sólo tienen una
existencia instintiva y apenas tienen conciencia de sí mismos
y de sus actos. La inteligencia sólo se desarrolla poco a poco.”



¿Cuál es el estado del alma en su primera encarnación?

“El estado de la infancia en la vida corporal. Su inteligencia
apenas se manifiesta: el alma se ejercita para la vida.”



Las almas de nuestros salvajes, ¿son almas en el estado de infancia?

“Infancia relativa, pues son almas ya desarrolladas, que tienen
pasiones.”



Las pasiones, ¿son, pues, un signo de desarrollo?


“De desarrollo, sí; pero no de perfección. Son un signo de
actividad y de la conciencia del yo, mientras que en el alma
primitiva la inteligencia y la vida se encuentran en estado
de germen.”

La vida del Espíritu, en su conjunto, recorre las mismas fases que
observamos en la vida corporal. El Espíritu pasa gradualmente del
estado de embrión al de la infancia, para llegar mediante una sucesión
de períodos al estado adulto, que es el de la perfección, con la
diferencia de que en el Espíritu no hay decadencia ni decrepitud,
como sí las hay en la vida corporal.

Su vida tuvo comienzo, pero no tendrá fin.

Además, el Espíritu necesita un tiempo inmenso, desde
nuestro punto de vista, para pasar de la infancia espírita a un desarrollo
completo, y su progreso no se cumple en un solo planeta, sino
pasando por diversos mundos.

La vida del Espíritu está compuesta,
pues, por una serie de existencias corporales, cada una de las cuales
constituye para él una oportunidad de progreso, del mismo modo
que cada existencia corporal se compone de una serie de días, en
cada uno de los cuales el hombre acrecienta su experiencia e instrucción.


No obstante, así como en la vida del hombre hay días que no
aportan fruto alguno, en la vida del Espíritu hay existencias corporales
que no dan ningún resultado, porque él no supo aprovecharlas.



¿Podemos, desde esta vida, mediante una conducta perfecta,
superar todos los grados y convertirnos en Espíritus puros, sin
pasar por otros grados intermedios?

“No, pues lo que el hombre considera perfecto está lejos
de la perfección. Hay cualidades que ignora y que no puede
comprender.

Puede ser tan perfecto como lo permita su
naturaleza terrenal, pero eso no es la perfección absoluta.
Lo mismo ocurre con el niño: por muy precoz que sea,
debe pasar por la juventud antes de llegar a la edad madura.

Del mismo modo, el enfermo pasa por la convalecencia
antes de recobrar la salud. Además, el Espíritu debe adelantar
en ciencia y en moralidad. Si sólo progresó en un
sentido, es necesario que lo haga en el otro, para alcanzar el
punto más elevado de la escala.

No obstante, cuanto más
adelanta el hombre en la vida presente, menos prolongadas
y penosas son las pruebas siguientes.”



El hombre, ¿puede al menos asegurarse desde esta vida una
existencia futura sin tantas amarguras?

“Sí, sin duda. Puede abreviar la extensión y las dificultades
del camino. Sólo el negligente se encuentra siempre en el
mismo punto.”



Un hombre, en sus nuevas existencias, ¿puede descender por
debajo del nivel en que se encontraba?

“En su posición social, sí. Como Espíritu, no.”



El alma de un hombre de bien, ¿puede, en una nueva encarnación,
animar el cuerpo de un malvado?

“No, porque no puede degenerar.”



El alma de un hombre perverso, ¿puede convertirse en la de
un hombre de bien?

“Sí, si se arrepintió. En ese caso constituye una recompensa.”



La posibilidad de mejorar en otra existencia, ¿no puede llevar
a algunas personas a perseverar en el camino del mal, debido
a la idea de que siempre podrán corregirse más tarde?

“El que piensa así no cree en nada, y la idea de un castigo
eterno tampoco lo retiene, porque su razón la rechaza.
Además, dicha idea conduce a la incredulidad acerca de
todas las cosas.

Si se hubieran empleado medios racionales
para conducir a los hombres, no habría tantos escépticos.


Un Espíritu imperfecto puede, en efecto, pensar como tú
dices durante su vida corporal, pero una vez desprendido
de la materia piensa de otro modo, porque pronto se da
cuenta de que elaboró un juicio equivocado, y entonces llevará
consigo un sentimiento contrario en la nueva existencia.


Así se realiza el progreso. Por esa razón tenéis en la Tierra
hombres más adelantados que otros. Algunos ya tienen la
experiencia que otros todavía no poseen, pero que adquirirán
poco a poco. De ellos depende acelerar su progreso o
demorarlo indefinidamente.”

El hombre que está en una mala situación desea cambiarla lo antes
posible.

El que está persuadido de que las tribulaciones de esta
vida son la consecuencia de sus imperfecciones, procurará asegurarse
una nueva existencia menos penosa. Este pensamiento habrá
de apartarlo del camino del mal más aún que la idea del fuego
eterno, en el que no cree.



Dado que los Espíritus sólo pueden mejorar si sufren las tribulaciones
de la existencia corporal, ¿se sigue de ahí que la vida
material sea una especie de tamiz o depurador por el que deben
pasar los seres del mundo espírita para llegar a la perfección?

“Sí, es exactamente eso. Los Espíritus mejoran en esas
pruebas al evitar el mal y practicar el bien. Pero sólo después
de muchas encarnaciones o depuraciones sucesivas
alcanzan, en un tiempo más o menos prolongado, según
sus esfuerzos, el objetivo hacia el cual tienden.”



¿Influye el cuerpo sobre el Espíritu, para mejorarlo, o el
Espíritu influye sobre el cuerpo?

“Tu Espíritu lo es todo. Tu cuerpo es una vestidura que se
pudre: eso es todo.”


Fuente: Libro Allan Kardec, Espíritus.