¿Cuántos males, cuántas enfermedades debe el hombre a sus excesos, a su ambición: a sus pasiones?

Extracto del libro Espiritus – Allan Kardec


El hombre que siempre haya vivido con sobriedad, sin abusar de nada, que siempre haya sido sencillo en sus gustos y modesto en sus deseos, se ahorrará muchas tribulaciones.


Lo mismo sucede con el Espíritu, pues los padecimientos que soporta siempre son la consecuencia

del modo como vivió en la Tierra.


Sin duda, ya no tendrá gota ni reumatismo, pero sí otros pesares que no son menores.


Hemos visto que sus padecimientos son el resultado de los lazos que existen todavía entre él y la materia.


Cuanto más desprendido está de la influencia de la materia – dicho de otro modo, cuanto más desmaterializado se halla, menos sensaciones penosas experimenta.


Ahora bien, de él depende liberarse de dicha influencia desde esta vida.

Tiene libre albedrío y, por consiguiente, la opción de hacer o dejar

de hacer.


Domeñe sus pasiones animales, no tenga odio ni envidia, celos ni orgullo, no se deje dominar por el egoísmo, purifique su alma mediante los buenos sentimientos, practique el bien, no atribuya a las cosas de este mundo más importancia de la que merecen.


Entonces, incluso con su envoltura corporal, ya estará purificado,

ya estará desprendido de la materia, y cuando abandone esa

envoltura no sufrirá más su influencia.


Los padecimientos físicos que haya experimentado no dejarán en él ningún recuerdo penoso; no le quedará al respecto ninguna impresión desagradable, porque sólo habrán afectado al cuerpo y no al Espíritu. Se sentirá feliz de haberse liberado, y la paz de su conciencia lo eximirá de todo padecimiento moral.


Extracto del libro Espiritus – Allan Kardec