El hombre es una máquina, debe elevar su «nivel de ser» Busquemos a Gurdjieff

I) El hombre es una máquina, debe elevar su «nivel de ser».

II) La consciencia y su «posibilidad» de acrecentamiento. Los «centros».

III) El «gran conocimiento» para la transformación de un hombre.

IV) Las impresiones como alimento.

V) En el universo no hay movimiento independiente.»LA VIDA LLAMA AL HOMBRE A LA ACCIÓN; PERO, ANTES DE ACTUAR, EL HOMBRE DEBE ‘SER’.»



LAS IDEAS DE G. I. GURDJIEFF.

El trabajo de George Ivánovich Gurdjieff en la enseñanza y redacción de sus ideas estaba casi terminado cuando la primera explosión atómica sacudió al mundo, anun-ciando una nueva era. El impacto de la «cultura de la droga» en los conceptos establecidos en la conciencia y la realidad humana estaba aún a una década de distancia. Sin embargo, las publicaciones póstumas de los trabajos de Gurdjiéff, así como los de Ouspensky y otros que describían sus ideas, ha reve-lado que sus pensamientos están más estrechamente ligados a la era que ha nacido tras su muerte, que a la que él mismo vivió.

La búsqueda que llevó a cabo en relación a la conciencia, la responsabilidad y los valores del hombre, así como la descripción que hizo, mediante ideas fun-damentales, de la unidad de todo lo que existe, parecen estar orientadas, pro-féticamente, hacia la generación actual. El impacto de sus ideas es claramente visible dada su creciente difusión y la familiarización con su pensamiento, el que, fluyendo como un arroyo que nace de una fuente pura, centelleó con ideas, vislumbres de verdad, lógica, paradojas y contradicciones aparentes.



I) EL HOMBRE ES UNA MAQUINA, DEBE ELEVAR SU «NIVEL DE SER».

En sus escritos «Todo y Todas las Cosas», Gurdjiéff describe al hombre como «un ser de dos naturalezas». ¿Qué quería decir con eso?

¿Se refiere a la pola-rización del hombre entre un estado inferior, antecedente, y otro dinámico que lleva a un estado de evolución? O,

¿se refiere a la participación humana en la dualidad fundamental de vibración y materia, que se vería reflejada como el «ser» y el «hacer»?.

La vida llama al hombre a la acción y antes de actuar, el hombre debe «ser».

Así como existe una escala de acciones, desde los meros re-flejos automáticos hasta el complejo más sofisticado de acciones, existe tam-bién una escala de ser, desde la mera existencia del hombre que reacciona au-tomáticamente, hasta la libertad interior, la razón perfeccionada y la volun-tad de un hombre plenamente realizado.

Y aquí aparece una paradoja inevita-ble. Por una parte, el hombre es un prototipo de «computadora», programado por la educación y el medio ambiente para responder a todas las diversas de-mandas de la vida; por otra parte, el hombre es un individuo libre en cierto sentido que valora ésto y que tiene una posibilidad de alcanzar una razón y una voluntad libres, siendo capaz de actuar en forma independiente de todas las influencias exteriores.

Según P.D. Ouspensky, mucho ántes de la era de las computadoras, Gurdjiéff había diagnosticado que el hombre es como: «una máquina que tiene la posibi-lidad de dejar de ser una máquina.»Para destacar esta idea, Gurdjieff propuso dividir al hombre en «Esencia» y «Personalidad»; es decir, lo que es al nacer y lo que adquiere después.

Expresa-ba ésto como «lo que le es propio y lo que no». En la actualidad, tal vez sería mejor describir a la Personalidad como al condicionamiento del hombre y a la Esencia, como su individualidad subyacente.

¿Podemos considerar a la Personalidad como sólo un espejo de las influencias que le rodean desde su nacimiento?

Si y no, ya que el edificio completo de la Personalidad está cimentado en la Esencia y, por lo menos en cierta forma es-tá enraizada en ella. Gurdjiéff señalaba que la personalidad está compuesta de una «multitud de yoes» diferentes, correspondiendo cada uno a un aspecto en particular de la vida de la persona: su familia, sus negocios y sus intereses de diversión; sus inclinaciones sociales y políticas, su actitud hacia la salud, el di-nero, el sexo, etc.

Estos «yoes», a su vez, devienen activos o desaparecen en res-puesta a estímulos externos. Cada uno toma su turno para dominarlo; algunos están en conflicto, otros en armonía. Otros son extraños que nunca se conocen.

En el Nuevo Testamento, en Marcos 5:9, encontramos: «El nombre del hombre es legión». Tal es el «ser» de la persona ordinaria y el estado desde el cual na-cen todas sus acciones. Este estado explica la complejidad y caos de su vida, de la situación humana y del mundo de eventos que se reflejan en las noticias.

El caos exterior de la humanidad es más que la reflexión de este estado interior de ser; es algo que se perpetúa a sí mismo. Uno bien puede preguntarse:

¿es posible para un individuo desarrollarse, escapar de y trascender su condicio-namiento?

La paradoja de nuestra necesidad interior de libertad y nuestra constante esclavitud y caos, han provocado todo tipo de explicaciones al paso de los siglos. También Gurdjiéff, en sus escritos, ha ofrecido razones simbóli-cas; pero en sus charlas, simplemente declaraba que la Naturaleza desarrolla al hombre hasta cierto punto y lo deja allí, libre para desarrollarse por su pro-pio esfuerzo, pero, y este punto es muy interesante, no obligado a hacerlo.

Si fuera obligado a crecer interiormente, sería una vez más un autómata y, aunque conciente, pero seguiría siendo un esclavo movido por influencias aje-nas a él mismo. El desarrollo consecuente a su propia decisión libre y su es-fuerzo lleva hacia el Nuevo Hombre (como aquel del cual se nos habla en el Nuevo Testamento, Efesios 4:24; Colosenses 3:10); el hombre de razón y cono-cimiento, conciente y libre del que nos hablaba Gurdjieff.

El individuo y la humanidad total, encontrándose en el mismo proceso de evo-lución, exhiben en ocasiones tanto las características del reino animal, como aquéllas del hombre que está por venir. Pero el hombre que aparecerá no es el que creemos, como resultado de nuestra miopía.

En raros momentos de expe-riencia de gran exaltación, que ocurren a la mayoría de las personas, un «nue-vo estado» que le es posible a un hombre aparece, al mismo tiempo, como algo inesperado y familiar y de ninguna manera como una proyección lineal de los estados habituales.

Por el contrario, en esos momentos es como si el hombre hubiera entrado a una nueva dimensión de sí mismo. El autómata, puesto en movimiento por reacciones al mundo exterior, sigue presente en esos momen-tos, pero el gérmen activo de un «Nuevo Hombre», motivado por la voz de la conciencia, permanece libre para coexistir y complementarlo.

En tales momentos las naturalezas automática y conciente forman entre sí una unidad coherente, mayor que la suma de sus partes, lo que incluye su dua-lidad sin que sean divididas por ella. Tal punto de vista, nacido de momentos transitorios de una nueva visión, pueden llevar a un concepto más amplio que está presente, que nos ha sido legado en forma abierta o escondida, en la ma-yoría de las grandes tradiciones religiosas.

Gurdjieff nos decía que cuando muere un hombre cuya conducta fué totalmen-te mecánica no existe una formación interna estable capaz de sobrevivir y per-mitir la manifestación de su individualidad. Los elementos de su vida interior: su mente, pensamientos y sentimientos, así como sus funciones emocional e in-telectual superior no tienen una substancia adecuada que les permita sobrevi-vir a la muerte del cuerpo físico.

En el transcurso de su vida no se formó un «cuerpo astral», es decir, un cuerpo interior compuesto de materiales finos y correspondiente a las funciones psíquicas del pensamiento y la emoción. Gurdjiéff proponía que la manifestación total de la naturaleza dual del hom-bre requiere de la cristalización gradual, durante su vida, de un «cuerpo as-tral», estable y correspondiente a una psiqué evolucionada. Esta psiqué, que tiene su propio orden y estructura, es capaz de obedecer a la autoridad inte-rior, de escuchar la voz de la verdad conocida a través de la conciencia, de una razón desarrollada y de una conciencia moral.

Esta nueva cristalización ó «cuerpo del ser superior», es el vehículo que, inmortal con respecto al cuerpo físico, seguirá viviendo y manifestándose en su propia esfera, después de la muerte. A su vez, este «cuerpo astral» puede convertirse en la base para una cristalización nueva, aún más fina: el «cuerpo del ser supremo», inmortal en el sentido pleno de la palabra.




II) LA CONSCIENCIA Y SU «POSIBILIDAD» DE ACRECENTAMIENTO. LOS «CENTROS».

P.D. Ouspensky, nos cuenta que en una de las primeras pláticas que sostuvo con Gurdjiéff este le dijo: «Su principal error es pensar que siempre tiene con-ciencia… En realidad, la conciencia es una propiedad que cambia contínua-mente. Ahora está presente, ahora no. Y hay diferentes grados y niveles de conciencia. Nosotros sólo tenemos la posibilidad de la conciencia y raros des-tellos de ella…» Gurdjiéff dividía a la consciencia en cuatro niveles o estados:

«el sueño», «el sueño despierto», el estado de «conciencia de sí mismo» y la «conciencia objetiva»; es decir, un estado de despertar total.

El hombre ordina-rio vive sólo en los dos primeros y se le puede comparar, decía, con un hombre que vive en una casa ricamente amueblada, viviendo en sólo dos de las habita-ciones del sótano. Estas dos habitaciones son el sueño y el sueño despierto, en las que pasamos nuestras vidas, hacemos la guerra, cometemos crímenes y tratamos de resolver los problemas de los que ese mismo estado es responsa-ble.

El verdadero despertar se experimenta en las habitaciones superiores; en el tercer y cuarto estados de consciencia. Cada nivel o estado de consciencia se experimenta de acuerdo con el grado de conexión interior durante la experiencia. Todo el equipo psíquico necesario para experimentar la consciencia total ya existe en el hombre, pero faltan al-gunas o todas las conexiones necesarias.

El grado de consciencia depende de la calidad del sistema nervioso que un ser posee, así como de su coherencia y conectividad.Hablando objetivamente, Gurdjieff insistía, el hombre no tiene uno sino varios cerebros, cada uno correspondiendo a, y controlando una función definida: pensamiento, emoción, movimiento, instinto y sexo, poseyendo cada una de estas funciones una inteligencia separada y definida que gobierna su acción.

Lo que el pensamiento científico contemporáneo llama el «subconciente», era para Gurdjiéff el resultado parcial de la acción de las cinco funciones mencio-nadas, fuera de la percepción del individuo, además de la acción de las dos fa-cultades superiores, la «emocional superior» y la «intelectual superior», las que, debido a su velocidad y amplitud de visión, operan más allá de la cons-ciencia ordinaria de un hombre. Estas dos facultades superiores, o «centros», son los responsables del tercer y cuarto estados de consciencia, llamados como hemos dicho «consciencia de sí mismo» y «consciencia objetiva», así como de fenómenos psíquicos que se manifiestan muy por encima de lo ordinario.

Estos estados de la consciencia, reconocidos en todas las grandes tradiciones religiosas, se conocen en occidente como «iluminación», «conciencia cósmica», «unión» y «éxtasis» y en oriente por nombres tales como «nirvana», «samadhi», «satori», etc. Tales experiencias pueden ser apenas percibidas y parcialmente recordadas por el pensamiento ordinario, debido a que su velocidad y ampli-tud están más allá del rango de su operación, de sus palabras y sus conceptos.

A través de los siglos, estos estados superiores de consciencia se han asociado también las experiencias con drogas a los estados de consciencia supranormal o también llamados estados de consciencia alterada; y los descubrimientos modernos en bioquímica han revelado algo de los aspectos materiales o quími-cos de diferentes estados inducidos por drogas.

El hecho de que sean inducidos artificialmente y no voluntariamente, o sea, no en forma orgánica e integral, los hace inútiles para la adquisición de un conocimiento exacto o un control de la transición de un estado de consciencia a otro.Como podemos deducir de lo dicho hasta ahora, la idea estructurada en un sis-tema integral creado por Gurdjiéff abarcando los cuatro estados de conscien-cia mencionados ántes, así como los cinco centros funcionales: el intelectual, el emocional, el motor, el instintivo y el sexual, además de las dos funciones su-periores que operan más allá de la conciencia normal, proporciona un marco de referencia que permite que se «inter-conecte» todo el rango y la complejidad de la experiencia humana en un todo ordenado. Sin ese marco, el auto-estudio resulta casi imposible. Y aún con su ayuda, debido a que la auto-observación es inevitablemente subjetiva, se requiere de la cuidadosa verificación en un grupo o en «condiciones de escuela», para eliminar el riesgo de caer en fanta-sías y lograr cierto nivel de objetividad. Para Gurdjiéff, la experiencia de los cuatro estados de consciencia y de sus variaciones depende de el grado de inter-conexión interna entre los cerebros o centros que controlan a las funcio-nes.

El sueño profundo era para él aquel estado en el que cada centro, aunque funcionando en forma continua e independiente, se mantiene disociado de to-dos los demás. Los grados crecientes de consciencia que existen desde los sue-ños automáticos hasta la más alta consciencia objetiva, se experimentan en la medida en que hay conexión de cada centro con los demás.

Los finos materiales psíquicos que permiten conectar la consciencia de sueño despierto del hombre ordinario (lo que llama corrientemente su «vigilia») con los centros superiores no está presente en cantidades adecuadas durante el funcionamiento normal; si aparecen accidentalmente, no permanecen por tiempo suficiente como para permitir un estudio ordenado de la transición hacia estados más altos.La meta de los métodos y el trabajo de «escuela», incluyen el conocimiento de las condiciones que favorecen la producción de estos materiales finos en el or-ganismo, así como de las leyes que gobiernan la transición voluntaria de un estado de consciencia a otro.

Las prácticas ascéticas, los ayunos o la observan-cia especial de rituales o danzas sagradas, así como el uso de música e incien-so, estaban relacionadas originalmente con el establecimiento de condiciones para el estudio de la producción en el organismo de materiales que permitían el «cambio intencional de estado». Aunque algunas tradiciones religiosas han preservado mucho de su forma original, casi todo el contenido esencial se ha perdido.

El auto-estudio es el medio de adquirir una atención interior especial que participa en el estado interno de inter-conexión y sirve también para ad-quirir conocimiento exacto de las condiciones que llevan a estados más eleva-dos de conciencia, aquéllos en los que el conocimiento tiene una universalidad y una atemporalidad muy superiores a las del conocimiento subjetivo. Existen ejemplos en la literatura sagrada, la arquitectura, el arte y la música, que dan testimonio de estas cualidades y de la existencia de tal conocimiento. Gurdjiéff enfatizaba que la clave para los cambios de consciencia está en la «atención».

Es sólo a través de el desarrollo de poderes de atención, correcta-mente comprendidos y practicados, que será posible que la auto-observación llegue a ser lo suficientemente profunda como para revelar el conocimiento al que, precisamente por ésta razón, se le llama la «doctrina secreta».Sri Ramana Maharshi decía que todos los ejercicios de concentración, de res-piración o posturas de «yoga», tienen el único propósito de adquirir ‘control de la atención’ y que, una vez que la atención es controlada, tales ejercicios no son necesarios. En relación a ésto, Gurdjiéff, quien hizo un estudio profundo de las prácticas de todas las tradiciones, señalaba que el desperdicio de material fino o psíquico en el hombre ordinario es tan grande, que el desarrollo de un grado adecuado de atención no puede ocurrir en forma directa.

El estado caótico de los «centros» da como resultado una atención dispersa o distraída que no tiene el poder suficiente. Las causas principales de la disper-sión son los movimientos asociativos del pensamiento, la presencia de conflic-tos y estados negativos en las emociones, y las tensiones musculares del cuer-po, todo lo cual consume, improductivamente, grandes cantidades de energías muy finas. Sin un trabajo previo sobre esas características negativas, los me-dios tradicionales para desarrollar nuevos niveles de atención, incluidas las prácticas asociadas con la meditación, la oración y las posturas físicas o ritos, no podrán dar los resultados buscados.Un aspecto particularmente interesante de las ideas de Gurdjiéff es que la «atención» correctamente dirigida es creativa o catalítica; es decir, promueve la producción de los materiales específicos que se requieren para la conexión plena de los centros y tiene una acción crucial en la admisión de impresiones recibidas por los sentidos (que son también fuentes de materiales finos) y pue-den, así, ser absorbidas en cantidad suficiente.

Las formas particulares de una atención requerida, aquellas en las que el campo de atención abarca tanto a las percepciones sensoriales exteriores como a la percepción interior de los movimientos del pensamiento, los sentimientos y las energías corporales, fue-ron conocidas en todas las épocas y se las describe con nombres tales como «meditación», «recolección», «sativichare», etc. Gurdjiéff acuñó un término pa-ra renovar y ampliar el concepto de esta práctica en lenguaje contemporáneo: usaba la expresión «auto-recuerdo» o «recuerdo de Sí». Y esta practica requie-re una «atención controlada», que nunca ocurre automáticamente y es la mis-ma antítesis de la atención desbordada que encontramos como característica en la vida cotidiana, en donde la vemos jalada hipnóticamente hacia el mundo exterior, de manera tal que casi no se experimentan los movimientos interio-res y por ello no puede surgir un conocimiento objetivo de ellos.

A menos de que se cambie la forma de la atención y se cultive una percepción especial interna, es imposible el conocimiento exacto de las condiciones inte-riores que gobiernan los cambios voluntarios de estado. Es para crear la posi-bilidad de adquirir y transmitir conocimiento de éste tipo para lo que existen las escuelas esotéricas.




III) EL «GRAN CONOCIMIENTO», PARA LA TRANSFORMACIÓN DE UN HOMBRE.

Para Gurdjiéff la cuestión candente del desarrollo espiritual y la iluminación del hombre no era algo para ubicar en el contexto del monasterio, el ashram o una cueva en los Himalaya, sino en las calles mismas de la ciudad y en la casa, en la oficina, la fábrica o el campo. La vocación para la vida de recluso es para los menos; la llamada a un crecimiento interior es común a todos los hombres y, especialmente, al «buen mayordomo», que también era llamado «buen amo de casa».

Desde su primer encuentro con Ouspensky, un escritor, periodista, conferencista y pensador ruso, bien conocido en los círculos intelectuales de su época, sus conversaciones trataron de las cuestiones fundamentales, como la unidad de toda la creación, la conciencia y el significado de la vida humana en la Tierra; temas que abordó Ouspensky en sus publicaciones anteriores. Estas conversaciones impresionaron tanto a Ouspensky que posteriormente escribió «… en las explicaciones de Gurdjieff, se poía sentir la seguridad de un especia-lista, un análisis muy fino de los hechos y un sistema que no podía captar…» Era como si Gurdjieff le hubiera bosquejado un majestuoso edificio, pero aún no fueran claramente visibles los detalles de la fachada.

Gurdjiéff habló con él del Gran Conocimiento, describiéndolo como el conocimiento de la unidad de las leyes a través de las cuales ocurre la creación de todos los mundos. Partiendo del principio Hermético; «Como es arriba es abajo», explicó la pri-mera gran «ley cósmica de la trinidad» (tri-unidad), habló de los tres princi-pios: acción, resistencia y equilibrio, y mostró su acción en la creación de los mundos del cosmos y su acción paralela en el mundo interno del hombre.

La Voluntad Creadora resuena desde el Absoluto como vibración pura: «Dios El Verbo». Cuando estas vibraciones se esparcen y se reducen en el espacio, su aspecto material se hace más denso. En ciertos puntos predeterminados de condensación de las vibraciones y la materia, aparecen el mundo infinito de Galaxias, Soles, Sistemas Planetarios y Satélites.

La corriente de creación emanando desde el Absoluto, el Todo infinito, fluye hacia el Vacío, la Nada infinita y desde ahí regresa a su origen.

Este proceso cósmico, llamado a ser por la «Voluntad del Absoluto» y mantenido en cada paso por la ley de la Tri-unidad o trinidad de fuerzas, crea los fenómenos de los mundos y, al hacerlo, en correcta correspondencia a la segunda gran ley cósmica: «la Ley del Siete o de las octavas». La acción de ésta última, paralela a la escala musical, mani-fiesta «siete notas» o pasos, y dos «intervalos» o puntos de retraso de la vibra-ción.

Para que una octava continúe hasta el fin, deben intervenir fuerzas exter-nas en esos intervalos. Las siete notas son los puntos de condensación de la materia y el grado de vibración en el que los mundos aparecen. Así, la totalidad de la creación, desde el Absoluto hasta el Vacío, constituye una octava completa. Los intervalos en esta octava cósmica corresponden a los semitonos de la escala musical: entre «do» y «si», y entre «fa» y «mi».

Es de-cir, entre el Absoluto y Todos los Mundos y entre los planetas y la Tierra. En el último intervalo, el hombre, como parte de la vida orgánica en la Tierra, juega un papel vital en el proceso cósmico. En esta forma el «rayo de la creación» pasa de la unidad a la diversidad de to-do lo creado, siguiendo un orden establecido por estas dos leyes. La línea de acción de la octava, como un tronco que produjera ramas, da lugar a octavas secundarias, las que a su vez, dan lugar a octavas de tercer orden, formando ramificaciones.

Decía Gurdjiéff que cualquiera que comprendiera completa-mente las Leyes de la Tri-unidad y la Ley del Siete tendría la clave para com-prender la unidad esencial de todo lo que existe, porque comprendería el origen de cada fenómeno, su lugar y sus resultados. «Como es arriba es abajo». Arriba, el macrocosmos es el universo; abajo, creado por las mismas leyes, pe-ro en otro nivel, el microcosmos es el hombre; una reflexión perfecta del prime-ro, en su estructura y leyes. Pero sólo el hombre completo, es decir totalmente realizado se encuentra en esa situación.

Sólo él está destinado y capacitado, por sus cualidades de voluntad, libertad y razón pura, para jugar un papel cósmico (como los ángeles y los arcángeles de la tradición) en el gobierno y mantenimiento de los mundos creados. Siendo por naturaleza un emisor y un transmisor, el hombre completo recibe de las altas esferas de la creación y transmite a la tierra y a la humanidad.El hombre mecánico, el «hombre dormido» que conocemos, es la semilla cuyas posibilidades latentes y cuya germinación depende de él mismo. Al igual que la fuente de la que emerge, su naturaleza es sagrada y escencialmente libre.

Puede realizar sus posibilidades o morir sin hacerlo. Nada le impone la natu-raleza para esto, y su crecimiento, si es que ocurre, incluirá el desarrollo de una individualidad y una Voluntad real. En el hombre, que es un universo en miniatura, operan las mismas leyes: la de la trinidad y la de las octavas. Así, la química del cuerpo se desarrolla metabólicamente en pasos usando los tres tipos de materiales: «comida», «aire» e «impresiones» para producir los mate-riales sutiles que dan energía al pensamiento, las emociones y el cuerpo. Se di-giere el alimento ingerido y, al metabolizarse, obedece a la Ley de las Octavas. En el primer intervalo, en donde se requiere ayuda exterior, participa el aire, purificando la sangre y ayudando a que el proceso de asimilación del alimento se desarrolle más, hasta el punto en que ocurre otro intervalo en el que se re-quiere otro «shock».

Ahí se recibe el tercer alimento, las impresiones que en-tran por los sentidos, pero éste no se digiere adecuadamente a menos que se haga un esfuerzo consciente, por lo que, en su ausencia, no se producen las energías psíquicas necesarias para un despertar total. En todo hombre la «octava del alimento» se desarrolla automáticamente hasta producir los materiales de más alto nivel requeridos para el mantenimiento y reproducción del organismo. Sin la intervención de la voluntad la octava del segundo alimento, el aire que entra a los pulmones, es incapaz de producir el despertar de facultades superiores, que es para lo que está diseñado. Esta ac-ción voluntaria, consistente en un «shock conciente», permite el desarrollo de substancias derivadas del aire a niveles más finos, acción que permite el «des-pertar». Para el despertar total, el hombre necesita de combustibles más suti-les, los que se derivan de la digestión completa de las impresiones. Para que aparezcan los pensamientos y sentimientos superiores, se requiere un segundo «skock consciente» aplicado a la vida emocional.

A estos dos esfuerzos cons-cientes, necesarios para el despertar del hombre, Gurdjiéff los llamaba a veces como «trabajos conscientes y sufrimientos intencionales».A lo primero que debe despertar el hombre es a su nulidad, su multiplicidad y su caos interior. Esto puede crear en él una necesidad de cristalizar un orden interno mediante un trabajo consciente sobre sí mismo, es decir, porporcionar dentro de sí condiciones favorables para el crecimiento de la conciencia y una psiqué despierta, capaz de conocerse a sí misma, de comprender y de poseer una razón pura y real. La primera cristalización de orden interno, resultante de un trabajo en sí mismo, correcto y prolongado, es la cristalización del «cuerpo astral» dentro del cuerpo físico.

Este es el «Hombre Nuevo», cuya vida es inmortal en relación al cuerpo físico. Al formarse este cuerpo, puede conver-tirse en el medio para la cristalización de otro, aún más sutil: el «cuerpo supe-rior del ser», compuesto por materiales desarrollados por el trabajo interior consciente. Este cuerpo superior, dotado de razón pura, es inmortal con res-pecto al cuerpo astral. Sólo este cuerpo superior del ser es realmente inmortal.

Para Gurdjiéff tales ideas eran la expresión directa de leyes universales y su sentido era el de despertar, en aquellos que pudieran oír, una necesidad urgen-te por vivir de acuerdo con lo más profundo de la propia naturaleza, con la in-dividualidad esencial y la voluntad. Para el hombre, impulsado a servir a la Gran Naturaleza, el más alto servicio está dado por el ser, la conciencia moral, la razón pura y la voluntad. Pero, debido a la educación contemporánea y al medio ambiente en el que vive, el hombre sólo despierta a escuchar la voz de la conciencia en momentos de grandes conmociones o profundas desilusiones.

Decía Gurjiéff que para despertar una «conciencia moral» real, capaz de parti-cipar en todas las acciones, era necesario usar métodos correctos y tener una meta personal. Es para ese despertar y para la realización humana para lo que existen las «Escuelas».

Gurdjiéff definió en los «Relatos de Belcebú a su nieto» de la siguiente manera, los cinco esfuerzos que se requieren para el despertar de la «conciencia moral»: 

— — Primero, que tengan en la vida ordinaria del ser todo lo que sea satisfactorio y realmente necesario para su cuerpo planetario. 

— — Segundo, tener un instinto constante y tenaz por la auto-perfección en el sentido de ser. 

— — Tercero, esforzarse conscientemente por saber cada vez más acerca de las le-yes de la creación y mantenimiento del Mundo. 

— — Cuarto, el esfuerzo, desde el principio de la vida, por pagar por su nacimien-to y su individualidad lo más pronto posible, con el objeto de ayudar después, tanto como sea posible, a aligerar el Dolor de nuestro PADRE COMUN. 

— — Quinto, el esfuerzo por ayudar a otros seres a alcanzar la perfección, lo más rápido posible, tanto a aquellos similares a uno mismo, como otras formas de vida, hasta alcanzar el grado sagrado de «Martfotai», o sea hasta el grado de una auto-individualidad real.




IV) LAS IMPRESIONES COMO ALIMENTO.

«¿Hay otra forma de recibir las impresiones, que pueda alimentar a la psiqué en lugar de producir, simplemente, un movimiento de tipo automático?»

¿Qué es la vida?.

Desde el neutrón hasta las galaxias, toda forma de vida tiene su surgimiento, su crecimiento y su período de deterioro. La vida está en todas partes. En diferentes esferas su forma obedece a diferentes leyes. La vida orgá-nica en la tierra, así como existe en todas sus formas: vegetal, animal o huma-na, es mantenida por los mismos principios: la ingesta de alimento, la elimina-ción de desechos y una respuesta programada a los estímulos. Es respecto a ésto último en donde la cuestión de las impresiones es importan-te, porqué aunque parecen estar conectadas básicamente con la preservación de la vida humana, también se les puede ver como un alimento.

Las impresio-nes son contactos sensoriales: en realidad, contactos entre fuerzas o campos electromagnéticos. Estos contactos sirven como estímulos; la forma viva en la que ocurren responde, sea de acuerdo con la programación de la naturaleza (para la preservación y continuidad de la especie), o a través del ejercicio de una inteligencia independiente. Incluso las formas muy primitivas de vida aceptan algunos materiales y rechazan otros en el mantenimiento de su ciclo vital, mediante misteriosos procesos que apenas empezamos a comprender.

En el reino vegetal la inteligencia y la programación no pueden diferenciarse. Las respuestas en el hombre ocurren en tantos niveles que, aunque el instinto y la inteligencia parecen separados, no es posible definir una línea que los di-vida.La creencia en el libre albedrío del hombre aparece debido a que la inteligen-cia consciente y la programación de la naturaleza parecen haberse desarrolla-do de manera tal que pueden actuar en forma independiente o en contradic-ción una con la otra. La separación de la programación y la inteligencia lleva a una distinción, conveniente aunque arbitraria, entre el cuerpo y la «psiqué».

El soporte básico del cuerpo es lo que el hombre come y el aire que respira. El soporte de su psiqué son las impresiones que recibe, de los sentidos o de su in-terior. Por ejemplo, las impresiones sensoriales dan lugar a la posibilidad del pensamiento asociativo, el conocimiento conceptual y a respuestas emociona-les de una calidad muy superior a las del instinto. El desarrollo de los indivi-duos y de la cultura a que pertenecen, puede verse como una evolución que de-pende de la calidad de las impresiones que recibe la psiqué.

El desarrollo de instrumentos científicos y tecnológicos, por ejemplo, sirve para mejorar la observación y permite un análisis efectivo de impresiones que de otra forma serían imperceptibles. La civilización moderna, desde la conquista del espacio hasta la conquista de la enfermedad, surge de esta amplificación de las impre-siones sensoriales, brindando nuevos materiales para la función psíquica y llevando a nuevos niveles de conocimiento.

Así, parece inevitable hacer un estudio de las impresiones, considerándolas como un alimento que nutre a la psiqué y desarrolla nuevos niveles de funcio-namiento. Sin embargo, implica también el dejar de lado la tecnología pura y voltear hacia las grandes tradiciones que afirman que la psiqué humana ha si-do plantada por la naturaleza para llegar a un grado extraordinario de evolu-ción, en una dimensión muy diferente a aquella a la que nos ha llevado la tec-nología.

Esto puede plantearse de otra manera. Mientras que la perfección científica pone a disposición un rango mucho mayor de impresiones, el apara-to receptor del hombre no ha sido mejorado en la misma forma.

¿Es posible mejorar la calidad de la receptividad humana?

¿Qué hay con las impresiones que absorbe el hombre?

Aunque se han hecho estudios del efecto de la priva-ción sensorial, de la acción de la hipnosis y la sugestión, por ejemplo, existe otro aspecto igualmente importante que ha sido ignorado. Este es el fenómeno de la «inatención».

Al escuchar música, leer un libro o al estar charlando, la corriente de impresiones provoca asociaciones contínuamente; éstas tienden a absorber la atención, creando lagunas en la corriente de percepción conciente. Así, la realidad del mundo es recibida a través de una pantalla de reacciones, comentarios y juicios. Esto es tan contínuo, que con frecuencia resulta difícil de percibir.

¿Qué tanto de nuestra realidad es sólo una construcción formada por materiales guardados en la memoria y por pensamientos y emociones aso-ciativos?

Resulta más decisiva la forma como vemos la situación en el momento de ac-tuar, que la realidad existente en ese momento. Si el punto de vista y la reali-dad coinciden, todo está bien; pero si no, estamos en problemas. La ilusión constante del hombre, es la creencia de que todas las personas están concien-tes de la realidad que los rodea. Para progresar hacia una nueva dimensión de experiencia, es necesario un estudio del mecanismo de percepción, así como una valoración más estrecha de la naturaleza de nuestra percepción de la verdad.




V) EN EL UNIVERSO NO HAY MOVIMIENTO INDEPENDIENTE.

En el universo que conocemos no hay movimiento independiente. Toda la vida del universo es mantenida por la interacción de un cuerpo con otro, desde las partículas sub-atómicas hasta las galaxias, de acuerdo con la ley.

Las formas de vida son mantenidas desde el nacimiento hasta la madurez y de ahí a la muerte y descomposición, mediante un intercambio de energías. Esto es válido a escala viral o a escala estelar, y el hombre es un esclavo de este movimiento universal. Pero,

¿Puede existir en el hombre una energía o un movimiento independiente?

El individuo ha tenido siempre la ilusión de que es libre, pero esa libertad no es suya. Su vida está agobiada por las fuerza que le rodean: económicas, sociales y políticas y también por las interiores, como la necesi-dad de alimento, casa y continuidad de la especie.

En todo esto, que obliga e impulsa al hombre desde que nace hasta que muere, es difícil encontrar algo que no sea el gigantesco automatismo de la Madre Naturaleza. Es sólo cuando tomamos en cuenta la antigua idea, atribuida a Hermes Tris-megistos de que el hombre, como microcósmos, es la imagen del macrocosmos universal, que encontramos una apertura hacia la pregunta:

¿Hay en el hom-bre, además de las energías necesarias para el intercambio que sustenta la vi-da, otras de un nivel más alto, en el que existe un estado de libertad relativa?

En su libro «En Busca de lo Milagroso», P. D. Ouspensky describe un diagrama que le dió Gurdjiéff en el que se representa la vida en el universo en escalones ascendentes integrados por tres formas de vida relacionadas, en una escala de creación que va desde lo mineral hasta lo más Sagrado. Aquí el hombre apare-ce como el elemento más alto en la triada de los vertebrados y el más bajo en la triada siguiente, la «angélical». Gurdjiéff llamaba a éste el «Diagrama de Todo lo Viviente».

En la escala del universo no puede haber algo totalmente independiente en el hombre. Viéndolo desde el movimiento ascendente, es un esclavo de las fuerzas de la herencia y el medio ambiente, obedeciendo a las leyes de la evolución. Enfocándolo desde arriba, desde la unidad en la diversidad, comparte hasta cierto grado la independencia de esta creación. Si examinamos nuestra propia experiencia, estaremos inclinados a concluir que el área en la que aparece la libertad creativa innata del hombre reside principalmente en el pensamiento y los sentimientos.

La existencia de una literatura y de un arte «sagrados», de un pensamiento y una emoción capaz de propagar la verdad a través de los si-glos, parece sustentar este hallazgo. Parece probable establecer, mediante el método empírico, que la evolución del hombre es la evolución hacia la libertad, hacia la universalidad del pensamiento y los sentimientos y hacia la universa-lidad de la verdad. Así, debemos ver a la Libertad como una situación dinámi-ca, más que como un aspecto estático de la vida del hombre.

Estamos inclinados a concluir que la libertad que el hombre busca tan ansio-samente es la libertad de movimiento de sus energías internas, liberadas de las fuerzas mecánicas del medio ambiente y transformadas dentro de él, hacia una verdad universal. A menos que se oriente hacia la conciencia, el estudio de la energía se convierte en un esfuerzo académico interminable, nunca redimi-do por una revelación de energía que lo convertiría en el portador de vida.

Fuente: INTRODUCCIÓN A LAS IDEAS DE G.I. GURDJIEFF (por Christopher Fremantle)



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