El mundo está en la mente

El día de hoy comparto este hermoso extracto

Continuó el bienaventurado Våsishtha:


«Oye ahora los métodos a los que debe recurrir el yogui, para librarse de las cargas e
inquietudes del mundo.


Mientras el germen de la discriminación echa brotes en la mente (al principio, como
resultado de una actitud de desprecio respecto al mundo), los mejores de los hombres
buscan la amplia sombra del gran árbol de la sabiduría, al igual que el viajero fatigado y
agobiado por el sol detiene su marcha a la sombra refrescante del bosque.

El hombre dotado de sabiduría evita al ignorante. Tanto por su comportamiento correcto
y cortés como por su rostro amable, se parece a la luna serena con sus rayos de
ambrosía. Actúa con sabiduría y prudencia, es educado y solícito en sus maneras; es
rápido en servir y complacer a los demás, y su conducta es pura.

Como las límpidas aguas del Ganges, el río celeste, la compañía de hombres santos y
sabios contribuye a limpiar y purificar las almas de los pecadores.
En la mente del santo crece, como el árbol de llantén en la selva, una comprensión
penetrante que la enseñanza de los Shastras favorece.
El hombre dotado de sabiduría sigue la conducta de los santos y los preceptos de los
Shastras, imitando a aquéllos y practicando éstos.

El adepto que, día tras día, disminuye sus apetitos y sus placeres, se parece a la luna
creciente, que cotidianamente aumenta su resplandor; ilumina a su familia al igual que
la luna difunde su claridad sobre los astros que la rodean.
Entonces, para su mayor y más duradero bien, va a la búsqueda de la compañía de
los santos, y llega a ser equilibrado y robusto, como recupera la salud un enfermo gracias
a la abstinencia y a los cuidados de los médicos.

Desde ese momento, penetra con mayor profundidad, gracias a la elevación de su
mente, en el sentido de los Shastras, como se sumerge un gran elefante en un lago de
limpias, aguas.

Para los hombres virtuosos es algo natural ayudar a sus prójimos en peligro o angustiados
y conducirles hacia la seguridad y la ventura, como el sol dirige a las gentes hacia
la luz.


Toda riqueza no es más que desgracia acrecentada y la prosperidad es augurio de
adversidad; todos los placeres no son más que falsas apariencias y todo bien terreno se
convierte en su contrario.


En este mundo pasajero de muerte y sufrimiento no hay más que un elixir que pueda
garantizar al hombre salud y vida perpetuas, y es el contento.


La primavera está llena de encanto, como los jardines del Paraíso, pero todos esos
gozos se encuentran en el contento, que es capaz de proporcionar cualquier delicia.
Quien posee el contento en donde quiera que esté, bien, sea en soledad, lejos de su
patria, en una selva o en el mar, en los lejanos desiertos o en un jardín, se encuentra perfectamente
en su casa en todo lugar.


No se enamora de ningún ambiente, pero se mantiene con seguridad en toda situación,
bien sea en compañía de amigos en un bello jardín o en medio de una asamblea de
sabios discutiendo doctamente.
Allá donde vaya o allá donde se quede, siempre mantiene la calma y la ponderación,
silencioso y señor de sí mismo. Aunque se halle bien informado, siempre está en búsqueda
de conocimiento e incesantemente en pos de la Verdad.
Así, el sabio bienaventurado está habituado a sentarse en el suelo en meditación y,
por su constante práctica, es absorbido en el Uno supremo, en un estado de beatitud
trascendente.


Ese estado supremo consiste en ignorar los objetos sensibles y en permanecer consciente
de la presencia del Espíritu omnisciente que llena por completo el espacio.
El sabio que ha percibido la gloria de Dios, se establece en una región de luz; y, como
una lámpara encendida, disipa las tinieblas interiores, así como todos sus temores,
animosidades y apegos exteriores.


Yo me inclino ante ese sabio semejante al sol y que está más allá, en todas las direcciones,
de la oscuridad; que se ha alzado por encima de todo lo creado, y cuya gloria
nunca más podrá sufrir merma.»

libro: El mundo está en la mente

Abrazos