☀️Trascendiendo los misterios del nacimiento y de la muerte.

Para salir de la rueda de samsara, hay que purificar nuestro Espíritu.

Extracto del libro: El Génesis, Allan Kardec


EL ESPIRITISMO, cuyo punto de partida está en las propias palabras del Cristo, como este partió de las de Moisés, es una consecuencia directa de la doctrina cristiana.

A la idea vaga de la vida futura agrega la revelación de la existencia del mundo invisible que nos rodea y puebla el espacio, y con eso determina en forma precisa la creencia; le da un cuerpo, una consistencia, una realidad en el pensamiento.


Define los lazos que unen el alma al cuerpo, y levanta el velo que ocultaba a los hombres los misterios del nacimiento y de la muerte.

Mediante el espiritismo el hombre sabe de dónde viene, hacia dónde va, por qué está en la Tierra, por qué sufre transitoriamente, y ve por todas partes la justicia de Dios.

Sabe que el alma progresa sin cesar, a través de una serie de existencias sucesivas, hasta que haya alcanzado el grado de perfección que la aproxima a Dios.

Sabe que todas las almas, como tienen un mismo punto de orígen, son creadas iguales, con la misma aptitud para progresar, en virtud de su libre albedrío; que todas son de la misma esencia, y que no existe diferencia entre ellas, salvo en cuanto al progreso realizado;

que todas tienen el mismo destino y alcanzarán la misma meta, más o menos rápidamente, conforme a su trabajo y su buena voluntad.


Sabe que no existen criaturas desheredadas, ni más favorecidas unas que otras; que Dios no creó a algunas ellas con privilegios, ni las dispensó del trabajo impuesto a las otras para que progresen;

que no hay seres perpetuamente consagrados al mal y al sufrimiento; que aquellos a los que se designa con el nombre de demonios son Espíritus imperfectos y que todavía están atrasados, que practican el mal en el estado de Espíritus, como lo practicaban cuando eran hombres,


pero que adelantarán y se perfeccionarán; que los ángeles o Espíritus puros no son seres aparte en la Creación, sino Espíritus que llegaron a la meta, después de haber recorrido palmo a palmo el camino del progreso; que de tal modo no hay creaciones múltiples de diferentes categorías entre los seres inteligentes,

sino que toda la creación es el resultado de la gran ley de unidad que rige el universo; sabe, por último, que todos los seres gravitan hacia una meta común, que es la perfección, sin que unos sean favorecidos a expensas de otros, pues todos son hijos de sus propias obras.


Mediante las relaciones que ahora puede establecer con aquellos que dejaron la Tierra, el hombre posee no sola-mente la prueba material de la existencia y de la individualidad del alma, sino que también comprende la solidaridad que vincula a los vivos con los muertos de este mundo, y a los de este mundo con los de otros planetas.



Extracto del libro: El Génesis, Allan Kardec